Este domingo disputé mi segundo medio maratón en la zona portuaria de Las Palmas de Gran Canaria. Circuito cómodo, con el único inconveniente del viento. Repetí el ritual precarrera del Macan, y me planté en la línea de salida bastante tempranito. Aparqué sin problemas, breve calentamiento y al cajón de salida. Cuenta atrás, 3, 2, 1... Disparo (que no disparó). Cómo salí unos segundos más atrás, miré la pistola por si le daba por disparar en ese momento y me dejaba sin carrera... Al lío...
Pensaba que se iba a formar más jaleo en los primeros metros, pero salí muy cómodo y enseguida cogí el ritmo que quería. Vista la experiencia de la carrera anterior, quise intentar no quedarme sólo en carrera, sobre todo en la segunda vuelta que se quedaban sólo los 400 corredores de la media. Me costó mucho esto en la primera vuelta, pero cómo había mucha gente de la carrera de diez kilómetros no me preocupaba. Me puse detrás de unos corredores que me hacían ir a un ritmo de 5 minutos el kilómetro, algo más rápido de lo que tenía pensado pero lo llevaba sin problemas. Aprovecho los avituallamientos para coger agua, dos buches, algo a la cabeza (hacía calor) tirar la botella donde no molestara y a seguir corriendo. Hago un paréntesis...
Hago hincapié en lo de la botella... En zonas del circuito eran de ida y vuelta. Cuando iba por el kilómetro 8, en la zona de la carretera del sentido contrario estaba el avituallamiento del kilómetro 6. Iba pegado a la mediana y un corredor del lado opuesto lanzó una botella hacia el otro lado con fuerza que a punto está de darme. Tuve que hacer un salto hacia delante de manera instintiva, hay que tener cuidado no por el golpe de la botella en sí, sino porque te puede lesionar de hacer ese movimiento brusco cuando vas concentrado en correr.
Llego al final de la primera vuelta en 49 minutos (el ritmo objetivo que me había propuesto era estar cerca de la hora y 50 minutos), y si seguía así podía hacer una buena marca teniendo en cuenta que en la primera media había hecho prácticamente dos horas. Si no bajaba demasiado el ritmo, iba a dar un buen mordisco a esa marca.
A la derecha, con cara de circunstancias por mirar a cámara
Mi temor era quedarme sólo en segunda vuelta (en la primera media fue lo que me hizo perder bastante tiempo al final) y justo cuando hago el giro, avanzo unos metros y se me pone al lado un corredor, pienso que va a seguir hacia delante y me dice: ¡Vamos! Veo que va a un ritmo muy similar al que yo quería llevar y me pongo al lado de él, hablamos un poquito y me pongo detrás de él. Corro unos kilómetros a su lado, pero también veo que va muy lanzado aunque yo lo aguanto sin problemas. Sobre el kilómetro 11 alcanzamos a un corredor veterano. Me quedo detrás de él y llevaba un ritmo muy constante por lo que decido cambiar de liebre. El otro corredor que iba conmigo decide cambiar de ritmo y se queda a unos 100 metros de nosotros. Nada importante, es más lo alcanzamos a pocos kilómetros de meta. Acerté en no dejarme llevar por el momento, aún quedaba lo más duro y no quería desfondarme tan pronto. Llego al kilómetro 15 y empieza la zona más dura, unas pequeñas cuestas que con tantos kilómetros en las piernas y con viento en contra se tienen que notar si has ido más fuerte de lo que debieras con anterioridad. Aprovecho el avituallamiento para tomar aquarius y coger un plátano, puesto que sabía que venía el momento clave. Esos 6 kilómetros los disfruté bastante, no es que fuera muy rápido a 5:15 el kilómetro, pero iba muy entero y fui adelantando corredores que habían pagado el esfuerzo. En ese momento calculé los ritmos y bajaba claramente de 1 hora y 50 minutos salvo catástrofe. Me dejé ir y fui disfrutando esos metros, por lo que incluso podía hacer menos tiempo pero no me preocupaba (ya iba a bajar en 10 minutazos mi marca en la distancia y en sólo dos semanas de diferencia). No es que sea un super tiempo, pero para alguien que empieza es todo un logro personal casi sin prepararlo siquiera. De todas las carreras que llevo, es la que mejor lo he pasado, puedo hacer 21 kilómetros perfectamente y cómo me ocurrió en la primera termino muy entero, incluso con ganas de más.
Ya tengo decidido cómo "evitarlo", en otra entrada hablaré cuando, si el cuerpo quiere hacer más kilómetros habrá que hacerle caso. Me siento con ganas de maratón...
Cruzo la línea de meta en 1 hora y 49 minutos, muy contento dentro de la discreta marca. Voy a más, y en octubre tengo una nueva oportunidad en la LPA Night Run, quiero prepararla a consciencia y bajar bastante ese tiempo. Pasito a pasito, sin prisas.

